Por: José Antonio Romero
joseantonio.romero@capitalintelectual.net
Cuando hablamos de desarrollo siempre surge una pregunta:
¿Cuál es el camino más efectivo, suprimir nuestras debilidades o desarrollar
nuestras fortalezas? Podríamos suponer que si nos dedicamos a fondo a mejorar
nuestras debilidades, llegará un día en que las habremos superado y entonces….
¿Se convertirán en fortalezas? O ¿será mejor opción para desarrollarnos el
concentrarnos en nuestras fortalezas?
Qué hay con aquellos que creen que el éxito es solo un
asunto de duro trabajo? A pesar de que hoy en día muchas personas ambiciosas
siguen esa teoría, están destinadas o al fracaso, o a la frustración. El pensar
que “cualquiera puede hacer cualquier cosa” implicaría que las personas somos
todas iguales y que poseemos talentos idénticos, lo cual es falso. Cada uno de
nosotros es único, con talentos, dones y potencialidades diferentes.
Podemos y debemos intentar cualquier cosa que queramos,
esto es cuestión de actitud y de no dejarnos vencer por nuestros temores o
paradigmas, pero el éxito a largo plazo no será posible a menos que sepamos
desde un principio que tenemos un talento básico para una tarea, por lo tanto
podemos concluir preliminarmente que:
-Podemos ser todo lo que nuestras fortalezas nos permitan
ser.
-Si otra persona ya lo logró, los que tengan las mismas
fortalezas, también pueden lograrlo.
La clave para desarrollarnos entonces es centrarnos y
enfocarnos en nuestras fortalezas y aprender a manejar nuestras debilidades.
¿Sabía Ud. que toda persona puede hacer una tarea mejor que 10,000 personas? Por
lo tanto nuestro camino a la excelencia no está en intentar hacer de todo, o
trabajar en todo, sino en concentrarnos en menos actividades y hacer más y mejor
lo que hacemos bien.
Una fortaleza es un patrón de comportamiento, sentimiento o
pensamiento que produce un alto grado de satisfacción y orgullo, que otorga
compensación psicológica y a veces económica; en otras palabras, fortaleza es
aquello que hacemos bien y disfrutamos al hacerlo.
Como detectar nuestras fortalezas? Primero escuchando
nuestros anhelos y aspiraciones profundas. Las fortalezas comienzan en la mente
que actúa como un imán interior de lo que queremos hacer, a veces escuchando el
anhelo de otros, que actúan como iniciadores de nuestros propios anhelos.
Segundo, permaneciendo alerta para identificar aquello que
nos causa satisfacción, esto es fácil, ya que siempre hay actividades que nos
gusta hacer y nos dan una gran recompensa emocional.
Tercero, cuando aprendemos rápidamente, lo más probable es
que seamos buenos en eso. La sensación predominante en el aprendizaje rápido es
“siento como si siempre haya sabido hacer esto”, por el contrario, un
aprendizaje lento puede ser síntoma de una posible debilidad.
Sin embargo, la capacidad y la satisfacción no siempre van
juntas, por ejemplo a veces nos pagan bien por una actividad que no nos gusta
hacer o a veces realizamos actividades no tan bien remuneradas pero que nos
satisfacen, No hay cosa peor que trabajar en lo que no nos gusta.
Una fortaleza no es lo mismo que una ventaja. Una fortaleza
es una habilidad personal e interna que se puede demostrar y desarrollar en la
acción, mientras que una ventaja es una posesión o situación externa y
transitoria. Por ejemplo una Maestría en administración es una ventaja, pero mi
experiencia, aprendizaje y aplicación de los conocimientos es una fortaleza.
Una inteligencia excepcional no garantiza logros
extraordinarios, las personas que han triunfado, no necesariamente son los más
inteligentes, sino los que han identificado una fortaleza y concentraron sus
esfuerzos en ella.
Como identificar las debilidades? Algunas señales pueden
ser:
-Cuando nos ponemos a la defensiva porque no podemos rendir
más a pesar del esfuerzo realizado.
-Cuando el aprendizaje es lento
-Cuando tenemos necesidad de repasar mentalmente los pasos
-Cuando sentimos desconfianza al realizar una actividad
-Cuando sentimos que la actividad nos desgasta.
A veces nos obsesionamos con nuestras debilidades en un
intento de corregirlas o de convertirlas en fortalezas y eso nos hace perder
nuestro enfoque y nos produce un desgaste innecesario. Las debilidades debemos
manejarlas y pensar que difícilmente podremos convertirlas en fortalezas, la
meta, por lo tanto es manejar las debilidades de modo que las fortalezas sean
libres para desarrollarse y llegar a ser tan poderosas que las debilidades se
vuelvan irrelevantes.
La teoría de las fortalezas nos muestra el proceso idóneo
para llegar a la excelencia, solo podemos desarrollar aquello que poseemos. En
realidad, solo tenemos fortalezas, las debilidades son carencias, son
inexistentes, son algo que no aparece, por lo tanto no podemos enfocarnos en lo
que no tenemos. Lo importante no es lo que tenemos, sino lo que hacemos con lo
que tenemos, esa es la diferencia entre lo bueno y lo excelente.